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Siempre, traductores

Siempre, traductores

Desafortunadamente me ha sido imposible estar presente en el que sin duda ha sido un emotivo homenaje a la profesión que ejercemos: el Encuentro Nacional de Estudiantes de Traducción e Interpretación 2012 (@eneti2012). Sin embargo, he podido seguirlo por streaming, en Ustream. 🙂

Desde la distancia, he sentido la emoción de esperar cada retransmisión, en pie se me ponía el vello con los aplausos, las risas, las aportaciones y las muchas frases lapidarias que además hemos tenido la fortuna de poder leer en twitter gracias a los asistentes.

Por ello me he parado a pensar, una vez clausurados los actos, en la grandeza de esta  labor, en lo verdaderamente bueno (en el sentido más absoluto del término) que es lo que docentes, estudiantes y profesionales de la Traducción e Interpretación han creado en todo este tiempo.

Hace 12 años ni siquiera me hubiese atrevido a soñar con un escenario tan completo, didáctico, ameno, profesional, ético y SOLIDARIO como el presente, al que apasionados de sus estudios, profesores y profesionales han dado vida.

¿Os dais cuenta de lo que habéis hecho?

Cuando comencé a estudiar la carrera de mi vida —corría un acelerado año 2000, antesala del gran cambio, la nueva década futurista y por muchos deseada, impregnada de expectación por el devenir del que sería nuestro futuro, el que hoy es nuestro presente— me incorporé a una recién horneada y joven segunda promoción, aún inmadura pero ardiente en deseos de pisar fuerte en el mercado, con motivo de la reciente creación de la Oficina de Armonización del Mercado Interior (Marcas, Dibujos y Modelos: OAMI), que, para gozo y disfrute de ciudadanía y autoridades, asentaba su sede en Alicante, lo cual cabía suponer todo un despliegue de posibilidades profesionales.

Fueron, sin lugar a duda, los mejores años de mi vida. Ya desde sus principios, pude comprobar lo que ahora late con arrolladora fuerza en cada uno de los círculos que nos rodean: energía, pasión y una calurosa y entonces algo sorprendente solidaridad entre alumnos, primeros profesionales y docentes. Sería un gran cambio, sí. «Esta carrera promete». Y efectivamente, en mucho mayor grado, a mi entender, de lo que se esperaba de ella, ha cumplido las expectativas. Con creces.

Mirad a vuestro alrededor. Por favor regalémonos un momento de silencio, hagamos un breve paréntesis en el transcurrir de nuestras ajetreadas vidas para comprobar una vez más nuestras bandejas de entrada del correo, para desplegar de nuevo esas pestañas de enlaces y marcadores de suscripciones a esta majestuosa blogosfera que habéis creado. Entrad en las redes de las que formáis parte. Mirad todos los saludos, bienvenidas, consejos, palabras de motivación, notas de humor, dignidad, compañerismo, gratas menciones y un sinfín de brillantes palabras de las que somos apasionados devotos y usuarios sagaces.  Esto es lo que habéis hecho.

Cerremos por un segundo los ojos y notemos cómo se nos pone la piel de gallina.

Grande, ¿verdad?

Todo esto es el reflejo de muchas vidas, de una pasión encontrada, mimada con celo y en ocasiones herida, de esfuerzos, sufrimientos, de batallas ganadas y perdidas en un campo en el que, valientes, seguimos en pie.

La expresión del deseo cumplido de levantarnos cada mañana con la certeza y alegría de estar donde queremos estar, de contribuir a la creación de un mundo sin fronteras, con la energía necesaria para seguir adelante cuando nos vienen mal dadas. Corren tiempos difíciles, pero seguimos aquí, porque habéis demostrado sobradamente al mundo que la unión hace la fuerza, que somos y siempre seremos un grupo de calidad, profesional y ante todo humano, que da todo lo que tiene con la mejor de las voluntades.

Solo puedo dar las gracias cada día por estar aquí, por haber tomado en su momento  la mejor decisión de mi vida, por no haber llegado tarde y haber sido acogida en el que habéis logrado sea un verdadero hogar para todos nosotros.

Miraos las manos. Mirad lo que habéis creado. Ponéis mente, cuerpo y alma al servicio de la comunicación y la cultura, en un mundo que deberá seguir con nuestra labor cuando ya no estemos. Grandioso legado dejaremos.

Y cuando, ya ancianos, algo más alejados tal vez (o no) 🙂 de las teclas, los correos, marcadores y enlaces, un día os miréis al espejo, de nuevo diréis con orgullo y absoluta franqueza que «fuimos, somos y seremos traductores.  Siempre, traductores».

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