traduccion@noeliaberna.com +34 650 410 779
Diario de #AsetradBilbo

Diario de #AsetradBilbo

Viernes, 27 de abril de 2012

Por fin estoy en Barajas. A un par de horitas de mi destino: Bilbao. Emocionada ante la idea de volver a pisar un sarao, después de quizá demasiado tiempo. Pero nunca es tarde, y tengo muchísimas ganas de volver a los escenarios traductoriles, de asistir de nuevo a esas animadas charlas que siempre nos han caracterizado, porque somos adictos al jaleo meditativo, las juergas temáticas y los debates lingüísticos. Vamos a estar en nuestra salsa.

Por fin conozco a la agradable y vivaracha Isabel G. Cutillas. Ahí está, sentada, esperando embarcar. Inconfundible, su pelo rojo. Me acerco y le pregunto si es ella. En efecto, como no podía ser de otro modo, ella es. De inmediato nos ponemos a charlar animadamente, como si nos conociésemos de hace mucho tiempo…

…un tiempo que pasa volando, y eso que el avión viene con retraso. No pensé que llegase al curso de corrección de las 16.00, de modo que ya tenía organizada mi visita vespertina al Museo Guggenheim. Sin embargo y, aún a sabiendas de llegar con el tiempo justo, Isabel está inscrita al curso y no piensa perdérselo por nada del mundo. Tanto hablamos de la profesión, curiosidades personales y profesionales, peripecias ocasionales y anécdotas varias, que me animo cada vez más a abandonar el plan inicial para asistir. Me facilita amablemente el teléfono de Paula, de Asetrad, y le consulto si todavía puedo apuntarme. Voilà, quedan plazas. Estupendo. Llegaremos algo tarde, pero llegaremos.

Aterrizamos a tan solo veinte minutos del comienzo del curso. Taxi, hotel y de nuevo en danza. Nos separamos temporalmente para volver a reunirnos, ya con todos, en el Palacio Euskalduna.

Con la lengua fuera, entro discretamente en la sala. Me ofrecen asiento y me incorporo a la sesión.

Todo un lujo, poder estar aquí. Mª Fernanda Poblet nos cuenta sus experiencias como profesional de la lingüística, nos instruye sobre la delgada línea que enlaza la traducción y la corrección de estilo y sobre la importancia de discernir entre el bueno, el no tan bueno y el pésimo corrector.

Nos habla  de la profesión, de los cambios ocasionados con motivo de las nuevas tecnologías, del devenir de las funciones editoriales de toda la vida y la peligrosa tendencia de algunos clientes a solicitar traducción, corrección y maquetación por la misma tarifa (traductor multiusos, ¿será verdad?). Añadamos un nuevo ladrillo al muro de contención: el libro electrónico.

Nos aconseja: 1) que nos corrijan y 2) estudiar a fondo lo corregido.

De la incoherencia. El traductor debe procurar consistencia y coherencia a lo largo de todo el texto. Si decidimos, con criterio sopesado y razonado, por ejemplo, iniciar una enumeración de sentencias marcadas a su inicio con:

  •  Puntos, bien sean grandes o chicos,

       –   Guiones, bien sean  cortos o largos,

       *   Estrellitas, circulitos u otros,

debemos mantener el criterio elegido para todo el contenido.  Lo mismo para el uso de conectores: si iniciamos una contraposición de ideas, procuremos no dejar “colgado” (perdón: «colgado») el texto por falta de conectores o una puntuación adecuada, lo que irremediablemente llevará al lector a dar vueltas a la hoja buscando como loco «el resto de la prueba lógica» que,  sencillamente, nos hemos comido.

Corregir en exceso no es sabio, ni ético, ni en definitiva sano para la profesión (yo lo llamo la hipercorrección). Si el escritor o traductor define su estilo mediante determinadas pautas y escoge para ello aquellas palabras que le gustan más, siendo correctas, cambiarlas por las que nos gustan más a nosotros no es jugar limpio. Señores, plasmemos nuestro estilo en lo que escribamos o traduzcamos, dentro de un orden, pero no lo impongamos en los textos de los demás. Está feo…

Fascinada estoy. Y alucinada, al comprobar que puestos a corregir en vivo ¡se me han olvidado mil cosas! ¿Será posible…?

Mª Fernanda nos demuestra que no es nada fácil cazar erratas y otros bichos de similar calaña, especialmente cuando el cansancio y las horas de esfuerzo mental y ocular nos indican que es más que recomendable que la caza llegue a su fin: se acaban mezclando los puntos, las comas, el punto y coma, las comillas…

Ah, por cierto, las santas comillas latinas… Comillas latinas, Noelia. Noelia, comillas latinas. Un placer. Porque, sinceramente, nunca las uso. De hecho me ha costado más de minuto y medio encontrarlas en Word, entre la maraña de símbolos a insertar. Qué vergüenza…

Descanso.

Acabo de tener el placer de conocer a Xosé Castro, Manuel Saavedra y Darío G. Imirizaldu. Esto es genial. Desvirtualizar a los que sigues es una sensación muy grata, porque te das cuenta de que son personitas de verdad (como los actores, jeje).

¡Qué bien me lo estoy pasando! Junto a mí se sienta una compañera de lo más avispada y divertida: Ana.

Empieza el debate: ejercicios a gogó. Texto en mano, ojos bien abiertos, empieza la caza. Parece sencillo, sí, pero verás cómo me dejo la mitad de los bichos…

Lo mejor ha sido el momento de exponer y compartir resultados. De siete ejercicios hemos podido acabar apenas tres, no os digo más. Se nos ha echado la hora encima. Es que no tenemos hartura, los traductores. Cuando nos ponemos a debatir, no hay quien nos gane. Qué bonita sensación me ha causado recordar las infinitas charlas que teníamos en la carrera, en las que un solo párrafo mal puntuado daba para una hora de reflexión. Qué tiempos aquellos…, y qué bueno revivirlos.

Finalizado el curso, los asistentes a la cena se organizan. Yo estoy agotada, creo que voy a renunciar al resto de la velada e irme al hotel. ¿Estaré mayor?  (lo que pasó en la cena, os lo tendrán que contar ellos…).

Mañana nos espera un día repleto de actividades, de modo que, en breve, segunda entrega. 🙂

Sobre la autora

Deja un comentario

Your email address will not be published.